Declaración personalVivir para la gloria de Dios y tener mi gozo en Él para siempre es mi propósito personal.
Pero aun si sufren por causa de la justicia, dichosos son. Y no tengan miedo por temor a ellos ni se turben, sino santifiquen a Cristo como Señor en sus corazones, estando siempre preparados para presentar defensa ante todo el que les demande razón de la esperanza que hay en ustedes. Pero háganlo con mansedumbre y reverencia, teniendo buena conciencia, para que en aquello en que son calumniados, sean avergonzados los que hablan mal de la buena conducta de ustedes en Cristo (1 Pedro 3:14-16).
Panorama:
La preparación para defender nuestra fe surge de una realidad fundamental: la doctrina cristiana ha enfrentado desde sus inicios burla, rechazo y crítica. Esta necesidad no es meramente defensiva, sino que responde a nuestro compromiso con la verdad que profesamos.
Propósito de nuestra defensa:
La preparación para defender nuestra fe surge de una realidad fundamental: la doctrina cristiana ha enfrentado desde sus inicios burla, rechazo y crítica. Esta necesidad no es meramente defensiva, sino que responde a nuestro compromiso con la verdad que profesamos.
Afirmaciones que describen mis convicciones teológicas
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Creo que la creación fue el propósito y el acto libre de Dios, por el cual creó la existencia del universo y todo lo que contiene en 6 días, sin el uso de materiales preexistentes —creatio ex nihilo— de la nada.
Que Dios estableció un orden cósmico por medio del cual mantiene, gobierna y dirige todas las cosas conforme a Su ley. Que el hombre no fue creado para satisfacer una necesidad o deficiencia en Dios, porque la naturaleza divina de Dios no tiene necesidades inherentes. Él es su propia satisfacción trinitaria. Por lo que lo hace ser autosuficiente y el único en Su excelencia. Creo que Dios orquestó todas las cosas en la creación para manifestar y revelar Su poder, Su gloria, Su sabiduría y Su reino, como una proclamación de Su soberanía en la creación.
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Creo que la desobediencia de Adán y Eva, al morir espiritualmente en su pecado con la necesidad de un Salvador (Génesis 2:15, 16-17), tuvo dimensiones cosmológicas que están fundamentadas en la tradición teológica y en el testimonio de las Escrituras. La caída es universal en sus consecuencias: el universo entero quedó bajo el juicio de la corrupción como resultado de ese único acto de la desobediencia de Adán y Eva. Esta comprensión tiene respaldo exegético: la mención de Pablo a Génesis 3:17–19 en Romanos 8:19–23 confirma que la caída cósmica fue la maldición de Dios sobre la creación, sujetándola a la futilidad y al cautiverio de la corrupción.
Que las implicaciones de la desobediencia de Adán y Eva se extienden más allá de la experiencia humana. Esto no fue un acto aislado, sino un evento de significado catastrófico para la creación en su totalidad, cuyos efectos se hacen sentir aún en toda ella. En los eventos, circunstancias y tragedias.
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Creo que la rendición del hombre es por la gracia inmerecida de Dios. No es por las buenas obras, ni por su desobediencia, ni por sus sacrificios, ni por los sacramentos. El objeto principal de nuestra salvación y fe radica y descansa únicamente en la Persona de Jesucristo, el Señor.
Creo que la redención trasciende la esfera individual para abarcar la totalidad de la creación. Que Cristo liberará al mundo entero de la esclavitud del pecado y el mal, llevando tanto a los cristianos que han sido escogidos por la gracia inmerecida como a toda la creación hacia la libertad gloriosa del reino de Dios. Esta dimensión cósmica se desplegará en múltiples direcciones. Dado que la obra redentora de Cristo abarca a los individuos, la vida social y comunitaria y el mundo natural —incluyendo el ambiente y la vida animal—, de modo que la redención no es meramente personal, sino social, natural y cósmica en alcance. No se trata simplemente de salvar almas aisladas, sino de restaurar la función adecuada de todas las instituciones y estructuras creadas por Dios.
La creación misma, como lo describió previamente el apóstol Pablo sobre la caída en Romanos, ha estado «gimiendo en dolores de parto» y espera con «ardiente expectativa» ser liberada de su «esclavitud a la corrupción». La visión de Juan de un cielo y tierra nuevos no apunta a la destrucción del planeta presente, sino a su refinamiento y purificación (Génesis 3:17; Romanos 8:19-23).
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Creo que la Biblia representa el summum de la literatura universal. Es el libro por excelencia: El más traducido, el más vendido, el más leído, el más estudiado, el más admirado, el más criticado y el más odiado entre los seres humanos. Aun así, la Biblia sigue siendo la fuente de autoridad y de fe durante milenios, incluso hasta hoy. La Biblia inauguró la era moderna de la página impresa; es el libro que más ha influenciado las culturas y ha marcado nuestra manera de pensar (Romanos 15:4).
Creo que la inspiración verbal de la Biblia es completamente fidedigna, y es la autoridad suprema en todo asunto de fe, enseñanza y conducta (Proverbios 2:6; Salmo 119:130; 1 Pedro 2:2); y es la única autoridad para determinar si la enseñanza es verdadera o falsa. Ningún otro libro, ninguna tradición eclesiástica y ningún maestro pueden ser considerados iguales a la Biblia (Isaías 8:20).